jueves, 4 de noviembre de 2010

LOS INVISIBLES: LOS OLVIDADOS DE LA CRISIS

No era mi intención escribir hoy sobre esto , pero a veces la actualidad tiene que dejar paso a otras cosas que no son menos importantes que la última noticia del día.

Vivimos a un ritmo tan rápido, siempre corriendo de un lado a otro, con prisas para llegar a la oficina, a hacer la compra, a recoger a los niños del colegio o llegar a casa para descansar después de una jornada agotadora, que a veces se nos pasan por alto cosas importantes, aunque no nos lo parezcan.

Ahora dispongo de más tiempo libre pero recuerdo como a veces llegaba a casa con la sensación de que no haber vivido, como si la vida me hubiese pasado rozando ese día pero estuviese tan ciego con los problemas cotidianos que no reparase en ella.

Escribo esto porque hoy iba así por la calle, preocupado por mis propios asuntos y pasé al lado de uno de los cada vez más numerosos mendigos que pueblan las calles de esta ciudad. Apenas me di cuenta que se acercaba para venderme unos pañuelos, era un señor mayor o envejecido por los maltratos de la vida. Me dirigió la palabra pero como tenía prisa ni siquiera me paré un segundo y lo dejé atrás mientras yo iba a eso que me parecía tan importante.

Luego, cuando me hallaba en el metro , me vino de repente su imagen a la cabeza, no se por qué, quizás porque se me había quedado grabada en la mente su aspecto frágil y desamparado, su voz humilde, que sólo pedía un segundo de mi atención , un segundo que yo no fui capaz de darle porque tenía "cosas más importantes que hacer". Pero ¿que puede haber más importante que escuchar a otro ser humano?¿que pararse un momento en la calle y dedicar una mirada a esa persona que se aproxima a ti? 

No somos mejores que ellos , sólo más afortunados, pero la fortuna nunca ha sido una amante fiel y mañana podría darte la espalda y hallarte en la misma situación que quién hoy te implora ayuda. Y cuando me pongo en su lugar me doy cuenta que si sufren por su pobreza, por su marginación, por lo que más sufren es por la sensación de ser invisibles a nuestra mirada, de estar en la calle como si se hallasen en un desierto sin la esperanza de un oasis salvador en el que hallar refugio, un mundo duro, frío y solitario donde no hay lugar para una sonrisa o una palabra de ánimo.

El bien que no haces ya no se recupera, pero espero que me sirva para la próxima vez detenerme y, al menos, hacerle sentir que aún es una persona y que tiene derecho a recibir el calor de otra persona, que no es transparente a mi mirada. Los tiempos son duros para todos, tenemos muchos problemas y soy consciente que no podemos ir arreglando la vida de todos porque bastante tenemos con salir adelante nosotros mismos, pero creo que si está en nuestras manos conseguir que esta ciudad no sea tan dura y cruel con los que están sufriendo más que nadie la mala situación económica, personas que no tienen la suerte de tener un techo al que regresar cada noche y de los que los políticos no se ocupan porque no van a votar. Hacerles sentir que les vemos, que no nos son indiferentes y que su vida tiene valor, si nos esforzásemos un poco todos en lograrlo estoy seguro que conseguiríamos cambiar algo .

Decía la Madre Teresa de Calcuta que "muchas veces basta una mirada, una palabra para llenar el corazón de un ser humano". Por supuesto que no soy un ingenuo que crea que así les sacaremos de su situación pero si al menos les hacemos sentirse más vivos, más humanos, ya habríamos logrado algo muy importante. 

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